Etiquetas con las que la ideología de género te criminaliza

Más de 12 etiquetas ya clásicas, se usan para atacar, señalar y criminalizar a todo el que cuestiona, se opone o critica la ideología de género. Con el pretexto de la discriminación, los lobbies, los medios de comunicación tendenciosos, los políticos y funcionarios corruptos y vendidos a esta ideología, usan en sus trillados discursos estas etiquetas para marginar a los opositores. Muchas de estas son absurdas y ridículas, y la finalidad es hacer ruido y  disminuir el sonido de la contraparte. Recordemos la frase de José de San Martín “Hace más ruido un solo hombre que grita que 100,000 hombres callados”, y el final eso es lo que consiguen ruido, mucho ruido… cuando en realidad SOMOS MUCHOS MÁS LOS QUE NO QUEREMOS IDEOLOGÍA DE GÉNERO.

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La ideología de género ataca con particular interés a la Iglesia, a la familia (y el matrimonio) y a las personas que viven conforme a la moral, lo cual de hecho es básico para la paz y el progreso de cualquier sociedad. Sin embargo la teoría de género nace y se alimenta del odio a todo eso que ahora quiere destruir.

Oponerse a la ideología de género no es una cosa cualquiera, pues lo que está en riesgo es vital, y algunas palabras en tu contra no te pueden echar para atrás, en ésto TÚ NO ESTÁS SOLO.  Tomás de Kempis en su extraordinario libro “Imitación de Cristo”, escribió:

“Cristo: Muchos hablan mucho; por esa razón hay que creerles poco… San Pablo encomendaba todo a Dios que sabe todo; y se defendía con paciencia y humildad  contra lenguas injustas, contra aquellas personas que pensaban necedades e injusticias, diciendo todo lo que les daba su gana. sin embargo, respondía algunas veces, por temor de que su silencio escandalizara los débiles. ¿Y quién eres tú para tenerle miedo a otro hombre mortal como tú? Hoy existe, pero mañana ya no aparece. Teme a Dios y no te espantarán los hombres. ¿Qué puede hacerte el otro con sus palabras e insultos? Se hace más daño a sí que a ti; y sea quien fuere, no escapará del juicio de Dios…”

“Cristo: Hijo, no te menees, espera en mí. Al cabo ¿qué son las palabras sino meras palabras? Vuelan por el aire, sin hacerles mellas a las rocas… Más el que no tiene su corazón recogido, ni a Dios ante sus ojos, fácilmente se menea al oír palabras de censura. Por otra parte, el que confía en mí sin querer apoyarse en el juicio propio, ningún miedo les tendrá a los hombres. Yo soy el juez sabedor de todos los secretos: sé como pasó la cosa, quién hizo la injuria, y quién la recibió. De mí salió esa palabra, yo permití que tal cosa sucediera -para que se revelaran los secretos pensamientos de muchos corazones-. Yo juzgaré al culpable y al inocente; pero por juicio oculto quise antes probar a los dos”.

Todo el libro de Kempis es sublime, más en estos breves párrafos nos revela la fuerza de tantos padres, religiosos y personas de fe, que no se quebrantan ante la adversidad.

 

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