Mujer complemento del Hombre

Cualquier cosa que viole la complementariedad de la mujer y del hombre, cualquier cosa que impida la real comunión de las personas según la complementariedad de los sexos, ofende la dignidad de la mujer y la del hombre.

Es importante que en esta su fundamental igualdad con el hombre, (la mujer) no pierda de vista su complementariedad, y sobre todo su máxima nobleza: “ser imagen y semejanza de Dios”. El espejo refleja la imagen sólo cuando se encuentra ubicado en el lugar justo, cuando recibe la luz necesaria y está bien pulido. El espejo, para el hombre y para la mujer, es Cristo; la luz viene de Dios; es el lugar justo y señalado por la ley ética grabada en todos los corazones.

El hombre fue creado “desde el principio” hombre y mujer: la vida de la colectividad humana -de las pequeñas comunidades y de la sociedad en su conjunto- lleva el signo de esta dualidad original. De ella se derivan la “masculinidad” y la “feminidad” de cada individuo, así como de esa dualidad, toda comunidad logra su característica riqueza en el recíproco complemento de las personas.

Por tanto, en la creación de la mujer esta grabado desde el origen, el principio de la ayuda: ayuda -notar bien- no unilateral, sino recíproca. La mujer es el complemento del hombre, así como el hombre es el complemento de la mujer: mujer y hombre son complementarios entre sí. La feminidad realiza “lo humano” por igual que la masculinidad, pero con una modulación diversa y complementaria.

Deseo especialmente detenerme en la complementariedad y reciprocidad que caracteriza las relaciones entre los dos sexos. En la página bíblica de la creación se lee que Dios, luego de haber plasmado al hombre, tiene piedad de su soledad, y decide darle una ayuda semejante a él (Gén 2,18). Ninguna creatura es capaz de cumplir este deseo. Sólo cuando se le muestra a la mujer, sacada de su mismo cuerpo, el hombre puede expresar su profundo y gozoso asombro, reconociéndola como “carne de su carne y hueso de sus huesos” (Gén 2, 23). En el sugerente simbolismo de esa narración, la diferencia de los sexos se interpreta de una manera profundamente unitaria: se trata de hecho del único ser humano, que existe en dos modos distintos y complementarios: el masculino y el femenino. Precisamente porque la mujer se diferencia del hombre, estando sin embargo a su mismo nivel, puede ser verdaderamente “ayuda”. Por otra parte, la ayuda es lo contrario de unilateral: ¡la mujer es ayuda para el hombre, así como el hombre es ayuda para la mujer!

San Juan Pablo II

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